martes, 30 de octubre de 2012

Entre Deméter y Afrodita


Sentado aquí
sobre la taza fría de loza blanca
como todas las mañanas rosadas del mundo
he pensado en mi vida.

En la temprana intromisión de la conciencia
a través de esas grietas
por las que hoy
se  me derraman los nervios,
he pensado en la soledad
como un disfraz pegado bajo la última piel,
en la serenidad y sus  mariposas de cemento,           
en la ilusión con su sencillo traje de costuras rotas.

He pensado en mis poemas,
en todas las palabras que he guardado
como uno de esos viejos idiotas
que acumulan escopetas sin propósito de sangre,
tan solo para darles lustre.

He pensado en el amor,
esa inmensa ballena negra, reluciente
que te traga y te refugia
pero no se acuerda de tu nombre.
He pensado en ti.
He pensado… en  lo que me mataba de ti
que era tu puta cinética
tu manera de convencer al aire
tu manera de coger un boli, por ejemplo,
como si diecisiete bailarines rusos
te hubieran asesorado sobre el tema.

Y para colmo todo estaba en mi mirada.
Y he seguido pensando en ti…
un rato más
antes de tirar de la cadena. 

Amo a Wislawa Szymborska



Amo a Wislawa Szymborska
su pelo blanco y su sonrisa de niña espabilada,
la amo y me da igual que lo nuestro sea imposible.
La amo como a ciertas partes de mi propio cuerpo
que jamás he visto
pero que me son muy fieles,
como por ejemplo el páncreas
o determinadas glándulas con las que cuento y
a las que ni siquiera sé poner un  nombre.
Me da igual que esté ya muerta
el día menos pensado me presentaré en Cracovia
a orillas del Warta o donde esté enterrada.
Cuando los demás fiambres se descuiden
me colaré en su tumba y allí,
bajo un  húmedo edredón de arena negra
haremos el amor,
después  ella me leerá  sus versos.

Mientras fuera el último diluvio sin sentido
se come lo que quede de este mundo
nosotros nos reiremos esa noche
 y yo podré dormir tranquilo   
bajo el bendito paraguas
de su desesperanza.

viernes, 26 de octubre de 2012

*Edgar


Es un hecho indubitable:
los perros tienen todas las respuestas.
Harto de verme pasear este cerebro
de simio rosa y egocéntrico
por todas las habitaciones
de la casa.
Harto de verme convertir un día normal
en un cobarde sumidero.
Edgar me mira fijamente,
en actitud  de reprensión profunda.
Un hormiguero de sombras en el aire,
va llenando gota a gota nuestro cuarto.
Un sol viejo olvidadizo
se deja tres naranjas de luz en la ventana,
la tarde tiene esa distancia
exacta entre las nubes
que  invita a repensarlo todo
ese aire como de comedia enferma.

*Edgar, quiero preguntarte…
¿Qué sentido tiene todo esto?
¿Qué hacemos tú y yo aquí,
en el universo?
Sé que me entiende,
porque agita el rabo
porque busca la correa
porque decide que yo
me lleve al parque.

                         *Edgar: es el nombre del perro de mi amigo Malcolm

lunes, 22 de octubre de 2012

Eppur si muove (Y sin embargo se mueven)


Los árboles que veo desde mi terraza
tienen la costumbre bastante arbórea
de permanecer plantados, inmóviles.
Nadie entendería lo contrario,
que echaran a correr
por ejemplo hasta  la fuente
o persiguieran a los perros por el parque.

Yo voy o vengo del trabajo,
de Pekín o de tu casa
y ellos siguen esperando
tejiendo y destejiendo su reposo.

¡Qué raros son los  árboles¡
 Eligieron no moverse en el espacio
y sin embargo  se mueven en el tiempo.

Y se han movido conmigo tanto tiempo
que ya no sé donde acaban mis raíces
y comienzan sus pestañas.
  
Son plátanos de sombra, dicen,
pero el nombre nunca es lo importante,
yo podría llamarme Plátano de Sombra,
ellos miguel martínez y en esencia
todos seríamos los mismos.

Lo importante es
que cuando el cielo se pone de su parte
alargan uno cualquiera de sus brazos
y me ponen en la boca
una dulce mermelada de tristeza,
una nostalgia de doce mil futuros nunca vistos
que me suben por el tallo y  ¡plaf¡
me estallan al final de cada rama.

Por eso me da miedo que algún día
alguien diga que se acaba el baile 
ellos escriban su poema en mi corteza
me hagan llorar un montón de  frutas dulces,
transparentes,
y nadie, ni siquiera  ellos,
nos recuerde.

martes, 9 de octubre de 2012

¡Qué le pasa al tiempo?



Cuando ella se quedaba
dormida la primera,  
yo  deslizaba
sigilosamente su brazo
para separarlo de mi pecho,
respirar tranquilo
y disfrutar mi soledad
contra la sábana.
Esta noche sin embargo
entregaría un pulmón  y medio
o algún año de mi vida
por regresar su brazo
al sótano sin luz de mis costillas.
Vivir consiste,
básicamente,
en sostener
esa esquizofrenia.


BESO


                                            

  Cada vez que pronuncio la palabra beso pongo
en  funcionamiento el mismo  número  de
 músculos faciales que cuando te beso
Lo que marca la  diferencia
 son  los tigres de silencio
que  olvidamos
suspendidos
en el aire.